
No tiene la fama del Toledo, ni siquiera el nombre del Villanovense. Pero el Binissalem, último rival del San Roque de Lepe en la lucha por el ascenso a la Segunda División B, esconde un peligro oculto: el estadio Miquel Pons.
Así lo reflejan las estadísticas como local del combinado balear que son, todo hay que decirlo, difícilmente mejorables. De hecho, el Binissalem no ha perdido un solo partido en Mallorca en todo lo que llevamos de temporada, todo un aviso para las huestes de Alejandro Ceballos, que mañana viernes emprenderán viaje hacia las Islas Baleares.
Durante la liga regular en el Grupo XI, el Binissalem venció en 15 de los 19 encuentros disputados ante su hinchada, cediendo únicamente cuatro empates, con Arenal (0-0), Mahonés (1-1), Santanyi (1-1) y Constancia (3-3). Y algunas de sus victorias decidirían la eliminatoria si se repitieran el sábado, caso del Arta (6-0), Cala D’Or (4-0), Ibiza B (5-1), Soledad (3-0), Campos (3-0), Alcudia (3-0), Alaior (4-1) y Mallorca B (4-1).
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