
El Cartaya está a punto de cerrar un ciclo. Su presidente José Manuel Vargas Machuca y su junta directiva presentarán la dimisión en la asamblea que va a tener lugar el próximo martes y, a partir de ahí, se abrirá un nuevo horizonte para el conjunto rojinegro.
Tras siete años en el cargo, el presidente saliente almacena luces y sombras, como en cualquier gestión de larga duración.
Su gran mérito es haber mantenido al equipo en Tercera a pesar de contar con uno de los presupuestos más bajos de la categoría. En su debe, haber bajado al equipo hace un par de temporadas, algo que restableció con otro ascenso al año siguiente.
Machuca ha contado con diferentes entrenadores y el que más rendimiento le dio fue Zambrano, que del Cartaya pasó al Recre B y de ahí al primer equipo equipo recreativista.
Ha tenido relaciones tormentosas con algunos técnicos, como por ejemplo con Manolo Espina y Julián Roales.
Creó el Cartaya B, que luego desapareció en medio de la controversia entre jugadores y el mismo Machuca. Y soportó un intentó de botín dentro del vestuario que al final se resolvió.
Llegó al fútbol en medio de un ambiente extraordinariamente mediático para irse apagando poco a poco, hasta que con el paso de las temporadas, se ha visto entre la espada y la pared por el asunto económico y con alarmante falta de directivos. Ha tenido tenido muy buena voluntad en la mayoría de los casos, pero no siempre le han salido las cosas bien.
Suenan hasta tres candidaturas para la presidencia del Cartaya, y el asunto se resolverá en la asamblea.
La intención de cada una de ellas es conocer cómo están las cuentas y ver con qué presupuesto cuentan por parte del Ayuntamiento, que por cierto, ya ha anunciado que recortará la subvención por culpa de la recesión económica.
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