
Si Vicente del Bosque hubiera presenciado el partido entre el San Roque y el Sangonera no habría debate posible en torno al tercer portero que debe ir al Mundial. Ni Valdés ni Palop ni Diego López. Iría Isaac. Al menos, si nos atenemos al tremendo encuentro que cuajó el sevillano evitando hasta cinco goles cantados de un Sangonera que llegaba en apuros y sigue inmerso en ellos, pero tras la imagen mostrada ayer debe permanecer en Segunda B.
Siempre apostó por el triunfo, incluso cuando se quedó con uno menos. Y de no ser por el meta aurinegro, la crónica se desarrollaría en términos similares a repaso, exhibición verdiblanca o patético San Roque. Pero la figura de Isaac emergió en el momento más importante, el día clave para solventar –al menos en la medida de sus posibilidades– el pésimo partido de sus compañeros.
Al San Roque le costó tomarle la temperatura al encuentro. Se le vio maniatado y tenso, demasiado consciente de lo que se estaba jugando. Y eso, en muchas ocasiones, es más un problemas que una virtud.
Siete minutos tardó el Sangonera en dar el primer aviso. Espectacular jugada de toda la delantera murciana que acaba con el balón en los pies de César, que no define porque Isaac lo evita con una soberbia intervención. El centro del campo del San Roque –sobre todo Vicente– pareció más perdido que de costumbre y Nando se vio superado ante la clara inferioridad. Los únicos entonados parecían De Lucas y Joaquín. Una buena jugada del primero cuando se sobrepasaba el primer cuarto de hora acaba con un espectacular remate del delantero de Paradas que se marcha lamiendo el poste de la meta visitante.
Poco más tuvo el San Roque en el encuentro. Tres minutos después, segundo aviso. Fallo en el achique del San Roque y César que vuelve a plantarse solo ante Isaac. De nuevo el meta evita el tanto saliendo con los pies por delante ante el delantero. Y a renglón seguido, otro error del conjunto lepero y en esta ocasión Isaac salva el gol a disparo de Javi que tampoco define en el mano a mano. Eran los peores minutos del San Roque en el encuentro y casi en toda la temporada. Mostraba apatía y una incapacidad alarmante en todos los sentidos que hacía pensar a los presentes en una derrota segura ante un Sangonera que también se jugaba la vida.
Joaquín, el máximo goleador del grupo IV tuvo en sus botas el tanto para colocar al San Roque por delante pero volvió a fallar. Aprovechó un error defensivo, pero Caballero le aguantó bien y desbarató las intenciones del delantero lepero.
A partir de la media hora de juego, el choque decreció en intensidad. Sin embargo, el control lo siguió ejerciendo el cuadro murciano, mucho más metido desde el pitido inicial y consciente de que una derrota lo condenaría casi a jugar la promoción.
Ni la magia de Añete, ni la clase de Chapi estaban haciendo acto de presencia en un encuentro en el que no faltó el ritmo pero sí las ganas en una primera mitad que por suerte para el conjunto de Alejandro Ceballos acabó con empate sin goles. Por si el fútbol fuese justo, el Sangonera mereció marcharse por delante en el marcador con una ventaja amplia.
El panorama no varió tras el descanso y el San Roque continuó vagando por el terreno de juego. Y lo más sorprendente, ningún cambio sobre el césped pese a que algunos jugadores lo estaban pidiendo a gritos. Para lo que sí había fuerzas era para reclamar posibles penaltis como en el caso del cometido sobre Añete en el 52 que el colegiado no quiso ver.
La sorpresa saltó en el 66. De Lucas, uno de los mejores del San Roque fue sustituido por Navarro. La suerte acompañó al equipo lepero con la expulsión de Iván por doble cartulina amarilla y desde entonces tomó el control del choque. Pero no con solvencia sino con sufrimiento porque el Sangonera no se entregó. Es más, dispuso de una ocasión en el 83 que volvió a salvar el Santo. San Isaac, que anoche mereció la llamada de Del Bosque.
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